Por Lisa Sánchez
El primer día de actividades de la Conferencia por una Reforma a la Política de Drogas (Reform Conference) incluyó una variedad de sesiones en las que se abordaron temas diversos como el uso médico de la marihuana, el sistema de justicia y la excesiva criminalización de las y los usuarios de drogas, el acceso a servicios de salud y la consolidación del enfoque segregacionista de las políticas públicas en el tema.
Destacan, por su relevancia para las y los jóvenes, un par de sesiones a las que asistí con otrxs representantes juveniles y en las que se abordaron temas prioritarios como la prevención de adicciones y la necesidad de construir una verdadera política binacional México – Estados Unidos para abordar el fenómeno drogas desde una perspectiva integral.
La primera mesa redonda, titulada Youth Drug Education: When D.A.R.E. Fails, contempló la participación de una serie de expertos de instituciones como Harm Reduction Coalition, Canadian Students for Sensible Drug Policy, Coalition for Responsible Community Development y la Universidad de Kentucky que compartieron sus experiencias con el tradicional y ya superado enfoque prohibicionista del “Di no a las drogas”.
Durante la discusión, se habló no sólo del contundente fracaso de toda estrategia que pretenda basar su efectividad en la sola abstinencia y pleno rechazo a cualquier forma de consumo sino también del carácter plenamente mentiroso de semejantes campañas. Y es que la premisa sobre la que se basa esta utópica resistencia es una falacia: pues no ha habido nunca, no hay en la actualidad ni habrá jamás un mundo 100% libre de drogas.
En este sentido, y rompiendo con el paradigma tradicional de abstinencia, las y los expertos invitados propusieron abordar el tema del uso, abuso y dependencia de drogas desde una perspectiva anclada en la realidad que reconozca el primero y se concentre en prevenir los segundos. Así, se habló de la necesidad de generar currículos integrales donde las y los jóvenes participen de manera significativa y donde se tomen en cuenta sus contextos y formas de vida. Mantener un enfoque centrado en las sustancias, olvidando el complejo entramado de relaciones que conforman la cotidianidad del individuo es igualmente nocivo que no hacer nada, dijeron.
Otra idea que dominó la discusión fue la necesidad de reflexionar, y aceptar, que el uso de drogas es una decisión personal que debe ser iniciada y concluida por el individuo que las introduce a su cuerpo, sin interferencia del medio y mucho menos del gobierno. En este sentido, y a manera de conclusión, las y los ponentes afirmaron que los esfuerzos de prevención deben centrarse NO en decidir por la persona y castigarla por su decisión, sino en desarrollar habilidades propias que puedan ser utilizadas para la toma de decisiones.
Y es que de nuevo, no se trata de vivir en un mundo sin drogas sino en un mundo libre; punto.
Avanzó el día y entre juntas, reuniones y micro-encuentros estratégicos llegamos a una de las sesiones más emotivas y perturbadoras del día: Spillover Activism, the Bi-National Movement to End the Drug War in Mexico. La sesión, cuyo título no es accidental y hace referencia a la necesidad de lidiar con el caos mexicano en el marco de una estrategia binacional del “más alto interés para la seguridad y libertad de América y el mundo” fue, además de una de las pocas sesiones centradas en el impacto de la guerra contra las drogas en naciones otras que los Estados Unidos, el marco perfecto para la aparición, declamación y subsecuente adoración a Javier Sicilia.
Y es que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad fue recibido con bombo y platillo en la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo. Y no en cualquier evento sino en el marco de la conferencia de Drogas más importante de Norteamérica.
Cierto, la aparición y repetidas intervenciones del controversial poeta Sicilia fueron y serán criticables en más de un nivel. Y es que defender la causa (cualquier causa) requiere transitar por una curva de aprendizaje que no necesariamente es sencilla y cuyo pasaje requiere mucho más que poesía, caravanas y efectos mediáticos. Pero todo eso de lado, y reconociendo la importancia de sumar al movimiento, aceptaremos una cosa: su presencia y continua apelación a la dimensión humana de la guerra logró sensibilizar a más de un@.
¿Cómo? Empezando con poesía, haciendo uso de la cadencia al declamar y del lenguaje teatral de la pausa exagerada para crear solemnidad y expectativa. Después, con historias reales de desgarramiento y fractura social, historias de niños de seis años saliendo en caravana a las carreteras del norte ensangrentado sosteniendo la foto de su padre. Un hombre que días o semanas antes le había sido entregado sin vida, envuelto en cobijas y sin más explicación que el daño colateral. Fue ese uso de la palabra y de la técnica narrativa que, sumado con la indiscutible legitimidad de ser uno de lxs tantos afectados por la irracional violencia lo que nos hizo estallar. Hubo lágrimas en la sala, lágrimas en ponentes y participantes que no pudimos contener el sentimiento de impotencia al vernos, en la seguridad del “otro lado” debatir y dibujar lo que sucede en nuestra tierra.
Pero más allá de la catarsis y/o del juego de tribuna desatado tras el relato, lo valioso de la sesión giró en torno al reconocimiento del sin fin de consecuencias nocivas de esta guerra. Y es que más allá de la violencia y el inagotable conteo de muertes está la corrupción, la impunidad y la cínica complicidad. Fue aquí en Los Ángeles que se deslindaron las responsabilidades de cada bando y se desenmascaró el carácter hipócrita de esta mal llamada “responsabilidad compartida” con la que tantos y tantas mexicanas se dan golpes de pecho, llevados de la mano por sus “líderes de opinión”.
Sí, todxs compartimos un grado de responsabilidad en este baño de sangre. Pero no desde la perspectiva cómoda y cursi de quien admite haber comprado artículos pirata en alguna colonia burguesa del Distrito Federal sino de quien sabe reconocer que México colapsa gracias a la inacción de una ciudadanía irresponsable que parece haber renunciado a sus derechos. Responsables somos de mantener a gobiernos abiertamente corruptos y delincuentes.
¿Existen posibilidades de mejora de cara a las elecciones del 2012? Preguntaron un par de americanos tímidos desde la audiencia. No muchas, respsondió.—Sobre todo si seguimos alimentando al monstruo mediático de la candidatura de las televisoras, agregó el poeta.
Y es que mientras los intereses políticos y económicos de esta guerra sigan anteponiéndose al derecho a la vida seguiremos siendo una tierra de huérfanos. Porque México, hoy, está huérfano.
Durante la discusión, se habló no sólo del contundente fracaso de toda estrategia que pretenda basar su efectividad en la sola abstinencia y pleno rechazo a cualquier forma de consumo sino también del carácter plenamente mentiroso de semejantes campañas. Y es que la premisa sobre la que se basa esta utópica resistencia es una falacia: pues no ha habido nunca, no hay en la actualidad ni habrá jamás un mundo 100% libre de drogas.
En este sentido, y rompiendo con el paradigma tradicional de abstinencia, las y los expertos invitados propusieron abordar el tema del uso, abuso y dependencia de drogas desde una perspectiva anclada en la realidad que reconozca el primero y se concentre en prevenir los segundos. Así, se habló de la necesidad de generar currículos integrales donde las y los jóvenes participen de manera significativa y donde se tomen en cuenta sus contextos y formas de vida. Mantener un enfoque centrado en las sustancias, olvidando el complejo entramado de relaciones que conforman la cotidianidad del individuo es igualmente nocivo que no hacer nada, dijeron.
Otra idea que dominó la discusión fue la necesidad de reflexionar, y aceptar, que el uso de drogas es una decisión personal que debe ser iniciada y concluida por el individuo que las introduce a su cuerpo, sin interferencia del medio y mucho menos del gobierno. En este sentido, y a manera de conclusión, las y los ponentes afirmaron que los esfuerzos de prevención deben centrarse NO en decidir por la persona y castigarla por su decisión, sino en desarrollar habilidades propias que puedan ser utilizadas para la toma de decisiones.
Y es que de nuevo, no se trata de vivir en un mundo sin drogas sino en un mundo libre; punto.
Avanzó el día y entre juntas, reuniones y micro-encuentros estratégicos llegamos a una de las sesiones más emotivas y perturbadoras del día: Spillover Activism, the Bi-National Movement to End the Drug War in Mexico. La sesión, cuyo título no es accidental y hace referencia a la necesidad de lidiar con el caos mexicano en el marco de una estrategia binacional del “más alto interés para la seguridad y libertad de América y el mundo” fue, además de una de las pocas sesiones centradas en el impacto de la guerra contra las drogas en naciones otras que los Estados Unidos, el marco perfecto para la aparición, declamación y subsecuente adoración a Javier Sicilia.
Y es que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad fue recibido con bombo y platillo en la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo. Y no en cualquier evento sino en el marco de la conferencia de Drogas más importante de Norteamérica.
Cierto, la aparición y repetidas intervenciones del controversial poeta Sicilia fueron y serán criticables en más de un nivel. Y es que defender la causa (cualquier causa) requiere transitar por una curva de aprendizaje que no necesariamente es sencilla y cuyo pasaje requiere mucho más que poesía, caravanas y efectos mediáticos. Pero todo eso de lado, y reconociendo la importancia de sumar al movimiento, aceptaremos una cosa: su presencia y continua apelación a la dimensión humana de la guerra logró sensibilizar a más de un@.
¿Cómo? Empezando con poesía, haciendo uso de la cadencia al declamar y del lenguaje teatral de la pausa exagerada para crear solemnidad y expectativa. Después, con historias reales de desgarramiento y fractura social, historias de niños de seis años saliendo en caravana a las carreteras del norte ensangrentado sosteniendo la foto de su padre. Un hombre que días o semanas antes le había sido entregado sin vida, envuelto en cobijas y sin más explicación que el daño colateral. Fue ese uso de la palabra y de la técnica narrativa que, sumado con la indiscutible legitimidad de ser uno de lxs tantos afectados por la irracional violencia lo que nos hizo estallar. Hubo lágrimas en la sala, lágrimas en ponentes y participantes que no pudimos contener el sentimiento de impotencia al vernos, en la seguridad del “otro lado” debatir y dibujar lo que sucede en nuestra tierra.
Pero más allá de la catarsis y/o del juego de tribuna desatado tras el relato, lo valioso de la sesión giró en torno al reconocimiento del sin fin de consecuencias nocivas de esta guerra. Y es que más allá de la violencia y el inagotable conteo de muertes está la corrupción, la impunidad y la cínica complicidad. Fue aquí en Los Ángeles que se deslindaron las responsabilidades de cada bando y se desenmascaró el carácter hipócrita de esta mal llamada “responsabilidad compartida” con la que tantos y tantas mexicanas se dan golpes de pecho, llevados de la mano por sus “líderes de opinión”.
Sí, todxs compartimos un grado de responsabilidad en este baño de sangre. Pero no desde la perspectiva cómoda y cursi de quien admite haber comprado artículos pirata en alguna colonia burguesa del Distrito Federal sino de quien sabe reconocer que México colapsa gracias a la inacción de una ciudadanía irresponsable que parece haber renunciado a sus derechos. Responsables somos de mantener a gobiernos abiertamente corruptos y delincuentes.
¿Existen posibilidades de mejora de cara a las elecciones del 2012? Preguntaron un par de americanos tímidos desde la audiencia. No muchas, respsondió.—Sobre todo si seguimos alimentando al monstruo mediático de la candidatura de las televisoras, agregó el poeta.
Y es que mientras los intereses políticos y económicos de esta guerra sigan anteponiéndose al derecho a la vida seguiremos siendo una tierra de huérfanos. Porque México, hoy, está huérfano.

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